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Mi inicio de año ha ido, mmm pienso que pleno es la palabra más acertada.
Días que fue tanta la emoción que casi no recuerdo lo que sucedió (es algo que me pasa a menudo) y días que han sido tan grises y faltos de estimulación que siento eternos.

Estoy pasando por un momento no del todo colorido en mi camino, entre el terror que me produce ser consciente de que en un plazo no mayor a un año dejaré la universidad y la tormenta emocional que estoy atravesando.
El desapego, la nostalgia y el duelo al cerrar un ciclo que disfruté tanto como pude y viví tan plenamente como mi capacidad lo permitió me ha dejado un poco carente de palabras.

Tomo tu tiempo y este espacio que me dieron para compartirte esto, porque tengo la sospecha que escribir un poco me ayudará a exorcizarme de los tornasoles recuerdos que me persiguen a momentos. Posiblemente te preguntes recuerdos de que tipo, sólo te compartiré esta vez que mi danza romántica con una persona que para mi es un sol ha concluido y que eso me dejo un poco seca.
Me siento como un desierto que en momentos encuentra en si mismo oasis donde florecen ánimos para expresarse, justo como el día de hoy.

Estoy volviendo a mi mundo de soledades y procurando encontrar placentera la intimidad que éste me ofrece, me dejo seducir. Estoy intentando mantener un diálogo meditativo conmigo misma, atar a los demonios que se me sueltan y me invitan a derramar lágrimas, a odiar, a doler, a sollozar.
Estoy peleando una batalla conmigo en la que cuando el alma se me desacopla y se dispone a arañarme, a lastimarme procuro que ese pequeño pedazo de cordura que aún me queda se haga presente y mantenga unidas a mis desintonizadas piezas.

Entre todas estas intimidades que hoy me he decidido a ventilar contigo, también he de contarte que trabajando en el book[1] de un amigo muy querido he encontrado una pacífica tranquilidad que me da soporte y que me ha ayudado a no perder la escasa cordura, sólo la cordura porque la calma se me ha escapado más veces de las que quisiera que sucediera. En pocas palabras he oscilado entre ser una exnovia loca y una cómplice amiga madura que sabe utilizar sus palabras cuando necesita y a quien no se le desbordan los sentimientos.

El book que te mencionaba me permitió establecer un diálogo conmigo misma, uno certero y poco hipócrita.

Sucede que como muchas chicas lucho batallas diarias con mi imagen.
Hay días que amanezco aterrada de la idea de pararme frente a un espejo (sobre todo los días en que mi ansiedad me lleva a consumir más alimentos de los necesarios, días que desafortunadamente no son pocos); hay otros en los que me importa un comino como me veo y me siento libre y cómoda.

Entiendo que estos procesos son parte de mi situación emocional y del bagaje cultural que vengo cargando, así como  de las muchas veces que he permitido que la moda (miamor) y los estereotipos influyan en mi.
¿Quién podría culparme? Si soy millenial, tengo 24 años y me encanta “el fashion” y ver reality’s. La verdad es que siento una especial alegría todas las veces que veo a esas chicas en apariencia perfectas sentarse y se les estruja la piel contra si misma dejando ver un rastro de celulitis, a pesar de las miles de ensaladas que seguramente han comido y las muchas horas de pilates que presumen en su cuerpo. Fui la más feliz y liberada cuando Chrissy Teigen subió a instagram la foto de las estrías en su no existente “thigh gap”.

Hay días que me pienso, ¿Sería más bonita la vida si me pareciera a Zoey Deschanel? ¿Qué se sentiría ser una de las VS Angels? ¿Serán así de violentas y ofensivas como lo son para mi las estrías y celulitis que surcan mis muslos y caderas? ¿Les provocará a otras personas la misma repugnancia que a mi el rollito que se me hace en el vientre bajo?  ¿Por qué carajo tengo tantos barritos? ¿Por qué me están saliendo pecas? ¿Por qué mi cara siempre se ve roja? ¿Por qué mi cabello no es perfecto y amanece todos los días como el de las chicas francesas? (tengo una obseción con las chicas francesas como Jane Birkin) ¿Por qué no nací siendo Audrey Hepburn o Elizabeth Taylor? ¿Por qué no mido más de 1.60? ¿Por qué no peso mil chocomil kilos menos?

Hay días que me pregunto si a la chica de la portada del Vogue que no es rubia natural se le caerá el cabello a puños igual que a mi  se me cayó después de aquella vez en que me teñí el cabello colores fantasía ignorando la claridad natural de mi melena.
Hay días que me gusta darme cuenta que a los hombres también les salen estrías y que uno de mis mejores amigos tiene celulitis en su pancita flácida.
Me encanta cuando mantengo pláticas con mis amigos en las que me alegro inmensamente cuando me cuentan que aunque parece que sí  realmente no les importan esos “defectillos” cutáneos en nuestros cuerpos, que nos ven completas y no bajo el microscopio que nosotras nos observamos y enjuiciamos.

Y hay otros días, estoy trabajando en que vayan aumentando, en los cuales me levanto, me miro al espejo después de lavarme la cara y los dientes (porque la higiene es primordial) y sólo necesito ponerme un poco de perfume, un poco de aceite de coco y otro poco de pantalla solar para sentirme perfecta, para saberme una criatura hermosa descendiente de un ser supremo sabio que me hizo con lo necesario.
Días que no necesito ponerme corrector en las ojeras, que no me paso un cepillo en el cabello y que me visto para mi.

Uno de esos días fue la última vez que me paré frente a las obras de “Relatos sobre tu cuerpo”.
Ir, y conocer cómo el artista concibe el cuerpo de las personas; como esa increíble creación que aguarda y protege tu alma, como el diario en que has escrito todos los días de tu vida. La evidencia de que has sabido vivir y que lo has hecho con ganas.
Las cicatrices generadas por aquella vez que te caíste en un lago y te abriste la rodilla, la vez que necesitaste sabe Dios cuántas puntadas porque te abriste la cabeza jugando, la estría que apareció en tu cuerpo como vestigio de la niñez perdida y de la pubertad iniciada, los vellos oscuros en tus piernas porque varias veces te dio flojera depilarte y rasuraste tus piernas hasta que se volvieron más rebeldes que nunca. El tatuaje que te hiciste en la adolescencia, aquella cicatriz que dejó algún piercing que expresaba quien eras. La quemadura que te quedó porque tocaste la sartén antes de tiempo.
Tus pies largos, pista de posiblemente lo mucho que caminaban tus antepasados, la mirada que quizá heredaste a tu abuela, los lunares que se te han pasado por generaciones. Tus dientes un poco chuecos que no importa si llevaste brackets, regresaron al lugar inicial. (¡Vaya, pero qué fastidio!).

Mirar y sentirte segura o seguro porque con un cuadro, una persona fue capaz de ayudarte a reconocerte en ti mismo, a enfrentarte a esas ataduras que llevas contigo por doquier, a no ser quien eres porque piensas que no eres lo suficientemente perfecto, lo suficientemente bello para ser amado, lo suficientemente especial para ser parte de una expresión artística. Las veces que no permitiste que observaran tu cosmos porque desdeñaste la belleza innata que hay en ti, porque te negaste a abrazar tu casita, tu espacio.
La reflexión y remembranza a tus aventuras infantiles que tantas cicatrices te dejaron, a la varicela que te dejó marquitas en la cara o en el cuerpo, la vacuna que te dejó un hoyo en el brazo.

El arte, como te conté en la entrada en que te daba la bienvenida, nace para provocarte, para invitarte a reflexionar. Para que sientas, para que te abraces. Eso es lo que me sucede todas las veces que me paro frente a una pintura de Josué Vázquez, amigo, maestro y artista que me ha guiado en mi camino de autoaceptación sin él siquiera saberlo.

Las pinturas tienen alma, textura, color, el material en el que fueron ejecutadas es un tanto olvidado y tomado por seguro así como nuestra piel, los nombres te invitan a lugares en los que no pensaste aparecer un día.
Rico en técnica y ejecución (me comprometo a que poco a poco iremos develando este universo juntos) puedo aventurarme a decir que esta exposición no fue hecha para adornar una casa lujosa o un museo. Fue hecha para nosotros, para los humanos, para que todos nos encontremos, para que establezcamos un diálogo poco explorado por nosotros, para ver un poco el alma de Josué, entender la forma en que concibe al mundo. Para compartir con él la belleza que hay en la distancia pronunciada entre tus ojos, la irregularidad de tu sonrisa que te causa inseguridad.

Terminar una relación te hace cuestionarte muchas cosas, se vuelve un terremoto trepidatorio y oscilatorio que se encarga de remover tus cimientos, tus creencias y los acuerdos que has establecido contigo mismo. Preguntarte ¿Por qué sí? ¿Por qué no? ¿Se dio cuenta de mi manía de rascarme la pierna cuando me siento ansiosa? ¿Le molestaba que me sudaran las manos en el cine cuando la película me mantenía en suspenso? ¿Le molestaban las posibles manchas en la piel que puede que desarrolle en el futuro?¿Le enojaba el grosor de mis muslos? ¿Y si cambio para que regrese? ¿Estoy bien o estoy mal? ¿Soy la víctima o el victimario? ¿Lastimé o me lastimaron? ¿Actué bien o actué mal? ¿Me lo gané o simplemente es injusto? ¿Acaso no estoy padre? ¿Acaso ese remolino de inseguridades ha tenido siempre razón? ¡Pero claro que estoy super padre, tonto él que me dejó!, jajaja, obvio estoy bien padre y (he de aclararlo) no me dejó, terminamos, tampoco es tonto, sólo me sigo sintiendo poquito molesta. Te quiero gordosero.

Una exposición que fue creada para abrazarme a mi, para empoderarme de mi, para entender la belleza y el poder que tengo, que mi cuerpo es parte de mi historia de vida y es bello porque en el habito.
Para recordarme lo natural y cómodo que es andar vestida en mi propia piel, queriéndome y sintiéndome libre, porque todo se balancee a la cadencia de mis pasos. Por sentir el frío sin algo que me abrigue.
Una exposición que ha tenido un efecto sanador en este corazón confundido que no sabe si va o viene, que todavía se encuentra equilibrándose entre el ser y el deber ser. Que está sintiendo más de lo que está racionalizando y que anda bailando un son de recuerdos y tristezas esperando que el DJ le ponga música más alegre.

Te invito a que vayas a verla, pronto pronto porque ya casi termina.

Se encuentra albergada en la Galería Rufino Tamayo de la Casa de la Cultura Oaxaqueña.

Descubrir tu cuerpo es hallar la humanidad.

Sigue también a Josué Vázquez en su página de fans en fb o en su instagram: @6josue6

Te dejaré un link sobre una conversación que tuvimos un día de esos desolados donde ocupe bastante maquillaje para sentirme cómoda conmigo misma.

[1] Un book es algo llamado “catálogo de obra”; como esos “books” de modelaje, nosotros los corredores de obra, curadores, amantes del arte y artistas lo usamos para dar a conocer las obras disponibles, como en todo, no siempre van muchas personas a observar a la galería lo que ofrecemos pero esta es nuestra forma de hacérselos llegar.